Entradas

Cómo acercarse a los dioses

Imagen
Facundo Martín Desimone
El sueño del pibe by León-O

Dibujar con arco y flechas. Despojar la acartonada carátula de barro y obsidiana, descuartizar un óvalo. Forzar otra hilera de dientes, mejorar la puntería, correr el blanco. Fijar la oscuridad.

Despegarse las sombras, estaquearlas en ventanas de almizcle.

Mezclarse con el rebaño, sembrar la cizaña, aguijonear con espuelas de manos, meter púa, arrojar más leña al fuego.



Disfrazarse de castor, atravesar las pirámides de cactus y aserrín. Internarse en el Nilo para buscar tesoros heráldicos.

Coserse los diamantes a la piel, transformar la sangre en pequeñas gemas.

Llorar fuego de cadmio, aspirar la fragancia de flores fantasmas, destilar pequeñas formas cromadas en do menor.



Comprender la esencia y el drama terrible de los alcauciles. Borrar epitafios con la manga; crear tinta ancestral y derramarla, impulsar su flujo por los 7 lagos.

Volverse sabio y hermano de la destrucción. Entenderla como nunca nadie la entendió.

Calzarse el guante de esper…

La redención va por dentro

Imagen
Facundo M. Desimone
El sueño del pibe by León-O

Aclimato tu arrebato con humor existencial. Fiebre de gacela que domina la parcela. Alguacil adiamantado que se pierde en las nebulosas del agua oxigenada y la pasta de almendras. Cacofonías, verbigracias, patatín, patatán, cerrame la 15, tachame la doble, cargale la cuenta a los de arriba.

Los platos rotos los paga Magoya, y las aceitunas, tu mamá. Los patos emponderados brillan por su ausencia. El sol, ese buen amigo de todos, destierra las tinieblas orquestadas por la derecha. Algunos vidrios irán quedando, algunos diástoles irán tirando.



Y en el corazón de la noche sin estrellas, más vale que recordemos el mandato de las entrañas.

Se extienden las velas por desfalco en la ciudad. El cielo nos escupe con soberbia sus granadas de aguamarina. Cariátides maoríes roban los picos de los flamencos, alfajores prendidos fuego bajo el álamo de la venganza.



La redención nos hará libres, sí señor, pero antes nos quemará por dentro. Nuestros huesos se …

Laguna - Capítulo 10

Imagen
Alfredo Prandi


Bosque (Camino hacia la ruta)
Laura rebota en el asiento mientras el coche se tambalea por el camino de tierra que lleva a las afueras del pueblo. En el asiento del acompañante descansa el reloj de pared de la despensa de César. Las cinco y cuarto. Laura ve algo más adelante y frena despacio. Toma el reloj, baja del auto y se sumerge entre los árboles hasta protegerse detrás de un grueso sauce, a unos veinte metros del camino.

Un minuto después, una vieja camioneta frena junto al auto. Laura contiene la respiración mientras dos hombres con trajes anticontaminación y máscaras descienden y se acercan al vehículo. Uno de ellos lleva un extraño aparato en la mano, lo pasa por los bordes del coche y mira a su compañero. Éste recorre el sector con la mirada, observa su reloj y hace señas de volver a la camioneta rápidamente. Ambos hombres se suben y arrancan bruscamente para alejarse por el camino.

Laura cierra los ojos y respira, deja caer el reloj y se acomoda de espaldas al tro…

El leon de Nemea - Crítica literaria del libro "Correr", de Jean Echenoz

Imagen
Facundo Martín Desimone



El árduo trabajo de las ciencias

“No me han dicho quienes serán mis adversarios pero, como ganaré, tanto me da. Sean los que sean, los derrotaré a todos, y eso me satisface. Será para mí un gran placer derrotarlos”, se vanagloria la versión afrancesada de Emil Zátopek, la locomotora humana, a través de la mano prolija y afluente, casi invisible, del escritor Jean Echenoz. Particular apellido que parecería pedirle a los gritos que nos echara (¿De dónde? ¿Y para qué? Misterios insondables del alma humana) al ser evocado en voz alta

La frase que Echenoz elige (una de tantas) para hacernos escuchar la voz de Zátopek, parecería ser, sacada de contexto, de una vulgar altanería y una vanidad desmesurada, pueril y nauseabunda. No obstante, a esta… “persona” (me duele un poco decirle así; tal vez habría que decir “autómata irrefrenable” o “extraterrestre de habilidades sobrehumanas”; tal vez “locomotora humana” no esté tan mal) no le faltaron argumentos para sostener est…

Laguna - Capítulo 9

Imagen
Alfredo Prandi


Pueblo (Despensa de César)
La tarde se ahoga entre nubes de lluvia que amenazan con abalanzarse sobre el pueblo gris. Las tiras de goma transparente cosquillean el piso del almacén. Laura brota de la cortina y se dirige hacia la heladera que funciona de mostrador. Un hombre cincuentón y regordete cuenta dinero y suspira con resignación. Se gira para encontrarse con la demacrada cara de Laura. La mira de arriba abajo, sus pies están lastimados de tanto correr sobre el asfalto.

—Señorita… ¿se encuentra bien? —pregunta al ver la expresión de miedo de la mujer.
Laura asiente con la cabeza. Todavía está un poco agitada.
—Sí. Gracias. Quisiera usar su teléfono, por favor.
—-Cómo no, ya se lo alcanzo —responde solícito el hombre y desaparece por una puerta al final del mostrador.

Laura normaliza la respiración y observa la despensa. Rodeando el mostrador a su izquierda ve unas pocas mesas de madera y algunas sillas, probablemente para uso de la familia que sostiene el negocio. Las ven…